CÓMO IMPRIMIR EN PAPEL FSC
| ¿Qué tengo que hacer para usar el sello FSC en una publicación?
Si utilizas papel certificado en una publicación (libro, revista, folleto, papel membretado, etc.) y quieres usar el sello FSC o simplemente declarar que se ha impreso en papel FSC, necesitas estar cubierto por un certificado válido de cadena de custodia. ¿Por qué es necesario estar cubierto por un certificado de cadena de custodia? Para asegurar la trazabilidad de los productos desde el bosque hasta el consumidor final es preciso poder garantizar que el papel FSC que recibes es exactamente el mismo que entregas a tus clientes. ¿Cómo puedo estar cubierto por un certificado de cadena de custodia? La premisa básica es que o bien la imprenta o bien el editor (o una tercera parte propietaria del papel) deben tener un certificado válido de cadena de custodia que cubra todas fases de la operación, hasta el momento de la entrega del producto impreso al cliente. Existen tres maneras de cumplir con los requisitos de cadena de custodia cuando se publica en papel certificado: Opción 1. La imprenta es la propietaria del papel y está certificada por FSC. Opción 2. El editor o casa editorial es el propietario del papel y está certificado por FSC. Opción 3. El proveedor del papel está certificado por FSC y es el propietario del producto. En cualquiera de los tres casos señalados anteriormente, el diseño gráfico del logo FSC y la declaración de uso de papel certificado en la publicación deberán ser aprobados por la entidad de certificación que otorgó el certificado de cadena de custodia. En el caso de que ni la imprenta, ni el editor, ni una tercera parte tengan un certificado de cadena de custodia que cubra el proceso de impresión de la publicación, el producto final NO puede llevar ninguna de las marcas registradas del FSC: ni el logo del árbol, ni las siglas FSC, ni el nombre Forest Stewardship Council. |
ARTÍCULO DE : www.fsc-spain.org
BIOPLÁSTICO

Implantación de los bioenvases en nuestro mercado
En los últimos cinco años algunos, fabricantes de envases plásticos han lanzado al mercado varias formas de plásticos biodegradables fabricados con polímeros procedentes de recursos naturales renovables o bioplásticos (BPL). Los productos de BPL hoy en día han demostrado ser adecuados para introducirse comercialmente en ciertos sectores. Veamos como este tipo de bioplástico se puede introducir en nuestro país. Existe una combinación de factores que está impulsando la utilización de plásticos biodegradables. Entre estos están: – El alto precio de las resinas derivadas del petróleo. – La creciente conciencia de los consumidores sobre la necesidad de proteger el medio ambiente. – La madurez tecnológica ya alcanzada en la generación de productos de alto desempeño con estas resinas. Esto explica por qué en los últimos cinco años los proveedores de envases han lanzado al mercado envases de plásticos biodegradables, fabricados a partir de diversas plantas, especialmente maíz, confiados en que la demanda responderá positivamente a sus ofertas. Debido al incremento en precio que desde el 2005 tuvieron las resinas convencionales, de entre el 30 y el 80%, muchas empresas se inclinaron por buscar alternativas. Algunos plásticos biodegradables han desarrollado un nivel de madurez que les permite ser competitivos; la brecha en precio que los separaba de las resinas comunes se ha disminuido considerablemente, y materias primas como la caña de azúcar y el almidón son actualmente más económicas que el petróleo.
La productividad y la competitividad tienden a aumentar en la perspectiva a largo plazo, y ya se evidencian las primeras aplicaciones concretas y masivas para estos polímeros. Algunas compañías predicen que el mercado de los bioplásticos crecerá en Europa a una tasa de 20% anual Los plásticos biodegradables pueden ser fabricados a partir de recursos renovables de origen animal o vegetal, o de recursos fósiles. Las materias primas más comunes son el PLA, ácido poliláctico, y los PHA, poli-hidroxi-alcanoatos. Es la estructura química lo que hace a un polímero biodegradable, lo diferencia de un polímero convencional y permite que pueda ser destruido por microorganismos, como hongos y bacterias en ambientes biológicamente activos. Aunque las cifras no son oficiales, se estima que el mercado actual de biopolímeros está alrededor de las 300.000 toneladas al año (base 2007), en el que el consumo de Europa está alrededor de las 50.000 toneladas. De mantenerse el crecimiento continuo que se ha producido hasta ahora, la capacidad global necesaria de producción de polímeros biodegradables alcanzaría el millón de toneladas alrededor del año 2010. Ante esta perspectiva se considera necesario determinar el impacto de los denominados bioplásticos en la cadena de gestión de la recuperación y reciclaje de los plásticos convencionales.
El proyecto incluye diferentes aspectos: criterios de diferenciación entre plásticos biodegradables y bioplásticos, cuantificación de la producción y uso de este tipo de plásticos, cumplimiento de la normas de biodegradabilidad establecidas en la Unión Europea, impactos en los procesos actuales de gestión: recogida selectiva, plantas de selección (impacto en las líneas de proceso) y reciclado (impactos en procesos y mezclas de materias primas). Los envases de plásticos biodegradables están fabricados a partir de diversas plantas, especialmente maíz. Algunas compañías predicen que el mercado de los bioplásticos crecerá en Europa a una tasa de 20% anual. Expertos, incluyendo a la Asociación de Polímeros Biodegradables y Grupos Afines (IBAW), estiman que con la calidad y precios existentes es posible contar con un potencial de crecimiento para copar cerca del 10% del mercado presente de materiales plásticos, el cual en Europa llega en la actualidad a unos 45 millones de toneladas al año. Actualmente, el mercado de los biopolímeros se está desarrollando pero todavía no puede competir con los plásticos tradicionales Actualmente el mercado de los biopolímeros se está desarrollando pero todavía no puede competir con los plásticos tradicionales. En la Unión Europea hay países que tienen en sus comercios frutas o verduras envasadas en BPL, pero en el caso de España, el mercado de los BPL en envases, se limita a alguna campaña de algún centro comercial. El mercado de los BPL En las previsiones que se hacen a nivel mundial para 2010, se espera que el crecimiento de la capacidad global instalada para la producción de materiales biodegradables sea de 75% con respecto al presente. Aunque en la actualidad los valores absolutos no alcanzan ni el 1% de la demanda total de resinas plásticas en el mundo, el crecimiento de las resinas biodegradables es muy alto. Existe una combinación de factores que está impulsando el crecimiento y aceptación de las resinas biodegradables, estos son: – El precio ascendente y alto de las resinas derivadas del petróleo. – La concienciación de los consumidores sobre la necesidad de proteger el medio ambiente, adquiriendo productos ‘más ecológicos’. -
La madurez tecnológica ya alcanzada en la generación básica de productos con estas resinas. – Las leyes gubernamentales que se están gestando en varios países, especialmente de Europa, fomentando el uso de estos productos biodegradables. – La exclusión de sistemas de gestión de residuos tales como los vertederos y la mala imagen de la valorización energética como solución final. Se define como ‘envase compostable’ a aquel que es biodegradable, generando básicamente dióxido de carbono, agua y humus, a una velocidad similar a la de los materiales orgánicos sencillos (por ejemplo la celulosa) y que no deja residuos tóxicos ni visibles. Proyecto bioplástico El proyecto define y concreta los criterios de diferenciación entre plásticos biodegradables y BPL y, sobre todo, el alcance del llamado certificado de compostabilidad de estos envases. Se define como ‘envase compostable’ a aquel que es biodegradable, generando básicamente dióxido de carbono, agua, y humus, a una velocidad similar a la de los materiales orgánicos sencillos (por ejemplo la celulosa) y que no deja residuos tóxicos ni visibles.

Existe normativa en la Unión Europea, como la Norma EN 13432 en vigencia desde enero de 2005, entre otras, que permite certificar los plásticos compostables y los envases fabricados a partir de éstos, de forma tal que el consumidor pueda distinguirlos fácilmente. La certificación y el etiquetado de los bioplásticos como biodegradables/compostables, permitiría tratar estos materiales post-consumo junto con la fracción orgánica (restos de comida, poda, papeles, etc.) de los residuos sólidos urbanos en plantas de compostaje. Requisitos para que un envase plástico obtenga la etiqueta de ‘compostable’: – Biodegradabilidad (90% antes de seis meses). – Desintegrabilidad: la fragmentación y la pérdida de visibilidad del residuo en el compost final (ausencia de contaminación visual). Esto se mide con el ensayo de compostaje (EN 14045), en el que el material tiene que estar desintegrado antes de 3 meses, con un tamaño inferior a 2 milímetros y que alcance al 90% de la masa inicial. – Ausencia de efectos negativos en el propio proceso de compostaje. – Bajos niveles de metales pesados (por debajo de los valores máximos predefinidos), y la ausencia de efectos negativos sobre la calidad del compost (por ejemplo, la reducción de valor agronómico y la presencia de efectos ecotóxicos en el crecimiento de las plantas). – Otros parámetros físico-químicos que no deben ser diferentes de los del control del compost después de la degradación: pH, salinidad, sólidos volátiles, N, P, Mg y K. Por tanto, bajo esta hipótesis, la razón de ser de los envases de BPL es que su residuo final vaya a gestionarse junto con la materia orgánica para producción de compost. Problemáticas que se plantean con el uso de bioenvases La tendencia del mercado de los envases es sustituir de los centros comerciales los embalajes de plástico sintético para frutas y comidas envasadas por otros fabricados de biopolímeros. Esto evitaría, según sus fabricantes, que muchísimos de los envases acabasen en los vertederos y se podrían compostar directamente con la materia orgánica. Numerosas cadenas de supermercados y almacenes en Europa están favoreciendo el uso de estos envases biodegradables para satisfacer el interés de los consumidores de reducir el uso de fuentes fósiles y evitar el cambio climático. Las empresas saben que los envases biodegradables tienen aceptación entre el público con conciencia ambiental y quieren mostrar su apoyo al desarrollo sostenible adoptándolos en sus planes de mercado. Conclusiones Dentro del conjunto de envases plásticos degradables, los BPL se presentan como una oportunidad en el conjunto de estrategias ambientales demandadas por la sociedad. Sin embargo, las limitaciones técnicas a la hora de gestionar de manera sostenible sus residuos, son aun elevadas. Las evidencias se traducen en: – El mercado de BPL será un mercado de sustitución, básicamente por la escasez de materias primas necesarias y competencia frente a otros sectores tales como el bioenergético y el de la alimentación. -
El logro de la biodegradabilidad total y ausencia de fitotoxicidad, se está investigando en la actualidad. Para algunos biopolímeros no se alcanzan los niveles deseados. – Se precisaría desarrollar una infraestructura para recoger y procesar polímeros biodegradables como una opción disponible para la eliminación de residuos. – Necesidad de una normativa a nivel internacional que distinga o califique entre plásticos biodegradables de los plásticos reciclables. – La creación de la ‘etiqueta ecológica’, basada en el impacto del ciclo de vida de un bioenvase (incluidos los materiales en bruto, el consumo de energía, las emisiones de fabricación y la eliminación de los residuos). – Educación y concienciación sobre los biopolímeros. Los consumidores tendrán que aprender que los biopolímeros deben ser separados con los residuos orgánicos (si se dispone de separación) o para reciclar (cuando corresponda) y se desarrolle la tecnología precisa.
Gracias a Ana de VV&V ecodesign por esta información
UN CUENTO

La botella en el desierto
Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed. Por suerte, llegó a una cabaña vieja, desmoronada sin ventanas, sin techo. El hombre anduvo por ahí y se encontró con una pequeña sombra donde acomodarse para protegerse del calor y el sol del desierto. Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda oxidada. Se arrastró hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía. Desilusionado, cayó postrado hacia atrás, y entonces notó que a su lado había una botella vieja. La miró, la limpió de todo el polvo que la cubría, y pudo leer que decía: “Usted necesita primero preparar la bomba con toda el agua que contiene esta botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla nuevamente antes de marchar”.
El hombre desenroscó la tapa de la botella, y vio que estaba llena de agua… ¡llena de agua! De pronto, se vio en un dilema: si bebía aquella agua, él podría sobrevivir, pero si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca, bien fría, del fondo del pozo, y podría tomar toda el agua que quisiese, o tal vez no, tal vez, la bomba no funcionaría y el agua de la botella sería desperdiciada. ¿Qué debía hacer? ¿Derramar el agua en la bomba y esperar a que saliese agua fresca… o beber el agua vieja de la botella e ignorar el mensaje? ¿Debía perder toda aquella agua en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables escritas no se cuánto tiempo atrás?
Al final, derramó toda el agua en la bomba, agarró la manivela y comenzó a bombear, y la bomba comenzó a rechinar, pero ¡nada pasaba! La bomba continuaba con sus ruidos y entonces de pronto surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia… Agua fresca, cristalina. Llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó otra vez y tomó aún más de su contenido refrescante. Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajante, la llenó hasta arriba, tomó la pequeña nota y añadió otra frase: “Créame que funciona, usted tiene que dar toda el agua, antes de obtenerla nuevamente”.
Hay muchas lecciones que podemos extraer de esta historia. Muchas veces tenemos miedo de iniciar un nuevo proyecto porque demandará una gran inversión de tiempo, recursos, preparación y conocimiento. Muchos se quedan parados satisfaciéndose con los resultados mediocres, cuando podrían lograr grandes victorias. Muchas veces tenemos grandes oportunidades que se nos presentan en la vida y que pueden ayudarnos a ser mejores personas o pueden abrirnos puertas nuevas que nos conducen a un mundo mejor… pero tememos… no confiamos. La vida es un desafío, ¿por qué no nos arriesgamos?, ¿por qué no creemos? El tren pasa algunas veces por nuestra vida cargado de cosas… podemos arriesgarnos y subir… o dejarlo pasar… ¿Y si no vuelve? ¿Y si esa oportunidad que hoy dejamos pasar no se repite?
PAPEL FSC

El sello FSC:
La certificación forestal es una garantía de que el aprovechamiento de los recursos forestales no implica su destrucción. La certificación FSC, promovida por el Forest Stewardship Council, asegura que los bosques se gestionan de forma responsable y que los productos que obtenemos, como puede ser el papel, mantienen la trazabilidad o cadena de custodia durante todo el proceso de transformación y acabado del producto. Así, llegan al mercado correctamente identificados, de forma que el consumidor los puede reconocer mediante el logotipo del FSC, un sello de ámbito mundial y reconocido por los valores ambientales y sociales que avala.
Los materiales de comunicación impresos, tales como folletos, boletines, revistas, libros, papel de oficina… pueden imprimirse con papel certificado y hacer constar la marca FSC, el sello que garantiza la conservación de los bosques. La marca FSC es un sistema de gestión ambiental que permite visualizar el compromiso de las entidades a favor de la sostenibilidad.
Facilitar la utilización de papel certificado FSC
Con el objetivo de aumentar el uso de papel certificado procedente de bosques bien gestionados y permitir que los materiales impresos sobre papel FSC pudieran lucir el logotipo que lo acredita, Fundación Tierra estableció un grupo de cadena de custodia, una opción del sistema de certificación FSC mediante el cual diferentes entidades o empresas pueden compartir un mismo certificado, reduciendo las tareas administrativas y los costes que supone estar certificado.
Un paso más en la compra responsable
Quizá algún día todos los productos madereros y derivados procedan de bosques gestionados de manera responsable, respetuosa con el medio ambiente y con las personas que viven en ellos y de ellos. Sin embargo, actualmente es necesario distinguir los productos respetuosos de los que no realizan ningún esfuerzo para reducir su impacto ambiental, y las ecoetiquetas y certificaciones son el único modo que el gran público tiene para poder hacer esta distinción.
Papel FSC
En el caso del papel FSC, el sello nos asegura que la fibra virgen empleada procede de masas forestales aprovechadas con unos criterios estrictos en cuanto a protección medioambiental y con especial cuidado con los aspectos sociales, como los beneficios y participación de la población local o el respeto a los pueblos indígenas. Es importante que la fibra virgen se obtenga de forma respetuosa con el medio, como garantiza el FSC, ya que la fabricación del papel siempre requiere un aporte de fibra virgen, ya sea para conseguir determinadas calidades de papel o bien por el deterioro de las fibras de papel cada vez que se emplean de nuevo, que supone que no se puedan reutilizar indefinidamente. Sin embargo, el papel FSC y el reciclado no son excluyentes, sino que pueden complementarse, y un ejemplo de ello son los papeles certificados FSC compuestos de fibras de origen responsable y fibras recicladas. Es necesario reducir el consumo de papel, aumentar la participación en la recogida selectiva del papel y utilizar papel reciclado, pero también lo es incorporar el criterio de conocer el origen de los recursos, ya que el reciclado no es el único papel que salva bosques.
Por otro lado, el papel con certificación FSC habitualmente es un papel de calidad que también incorpora otros estándares ambientales, como son el blanqueado sin cloro o la incorporación de fibras recicladas.
Actualmente, ha aumentado el numero de empresas certificadas en lo que respecta a imprentas y distribuidores de papel, y es mucho más sencillo poder acceder al papel FSC y conseguir mostrar el sello en las publicaciones certificadas.
Los beneficios de emplear papel certificado FSC
Se mantiene la biodiversidad de los ecosistemas forestales y se aprovecha de manera respetuosa el bosque;
Se respetan los derechos de las comunidades locales que viven del bosque o trabajan en el mismo;
Se participa de un sistema de gestión internacional con criterios exigentes y respaldado por agentes económicos, sociales y ambientales;
Se visualiza la sensibilidad ambiental y el compromiso con un uso más racional
ARTICULO DE : www.ecoterra.es
BODAS SOSTENIBLES

Empresas especializadas organizan enlaces matrimoniales con la garantía de boda sostenible. En el evento se utilizan vajillas reciclables, ornamentos cien por cien naturales o se propone a los invitados que participen en una pequeña plantación de árboles.
La preocupación por el cambio climático alcanza también a los organizadores y asesores de celebraciones públicas y privadas. Celebrar un evento sostenible supone para muchos consumidores un valor añadido a la organización del acto.
La idea de organizar bodas verdes surgió en Estados Unidos en 2004 a través de Organic Weddings, una empresa de eventos matrimoniales que pretendía concienciar a novios y familiares de la conveniencia de eliminar en la boda todos los productos o acciones no sostenibles. Organic Weddings proponía utilizar vajillas reciclables en el menú, alquilar o reutilizar la ropa de los contrayentes, contratar transporte común para los invitados, adquirir flores cultivadas en las proximidades del evento y no traídas desde muchos kilómetros de distancia, e incluso hacer participes a los invitados de alguna actividad ecológica como la plantación de árboles. Organic Weddings aconsejaba también sobre las zonas del planeta más adecuadas para disfrutar del viaje de novios.
La idea ha penetrado en el mercado y ha hecho crecer el interés por el concepto boda verde. En un par de años han surgido empresas especializadas que asesoran a novios y familiares sobre cómo crear su evento y, además, de manera personalizada. Pero celebrar una boda ecológica tiene un pequeño inconveniente, puede ser algo más cara que la boda convencional. Pero las empresas de este sector ofrecen alternativas que abaratan costes, por ejemplo si los novios consiguen que amigos íntimos y familiares participen en la organización.
En contra de lo que podría pensarse los clientes de estas empresas no tienen un perfil de militante ecologista, muchos novios tradicionales eligen una boda sostenible simplemente por qué quieren colaborar con la protección ambiental. Para ellos su boda es el evento ecológico más importante de su vida.
ARTICULO DE www.imayinalia.com
ECOLOGÍA EMOCIONAL

ALGUNAS CUESTIONES SOBRE INTELIGENCIA EMOCIONAL Y
ECOLOGÍA EMOCIONAL
Por Mercè Conangla i Jaume Soler
1_ ¿Qué es la IE? ¿Y la Ecología Emocional?
IE es la capacidad para reconocer y expresar nuestras emociones a la persona adecuada, en
el momento adecuado, con el propósito justo y de la forma correcta. Comprende cinco grupos
de habilidades o competencias emocionales: autoconocimiento, autocontrol, automotivación,
empatía y habilidades de relación.
La Ecología Emocional o Psicoecoafectividad plantea dar un paso más allá de la IE. Se
trata del arte de gestionar nuestros afectos de tal forma que la energía emocional que de
ellos se deriva se canalice en dirección al crecimiento y mejora como seres humanos, a
la mayor calidad de nuestras relaciones con los demás y a un mejor y mayor cuidado del
mundo que nos rodea. Incluye dos valores importantes: la responsabilidad y la conciencia
del impacto emocional global.
2_ ¿Cuáles son sus beneficios en la persona?
No nacemos con las competencias emocionales desarrolladas. Éstas pueden educarse mejor o
peor. Actualmente se habla de analfabetismo emocional refiriéndonos a aquellas personas
que han desarrollado el ámbito cognitivo pero que son incapaces de manejar su mundo
emocional: desconocen lo que sienten o no saben qué hacer con ello, les resulta difícil
autocontrolarse, tienen relaciones de baja calidad con los demás y, en general, se sienten
insatisfechos con su proyecto de vida.
Los beneficios de trabajar las competencias emocionales, especialmente desde el ámbito de
la ecología emocional, supone la mejora de tres niveles: Respecto a uno mismo: la mejora
del conocimiento de uno mismo, la traducción correcta de la información emocional y su
incorporación en el mapa de situación en el momento de tomar decisiones; un buen equilibrio
personal y mayor coherencia en el eje mente-emoción-acción.
Respecto a nuestra relación con los demás: Relaciones más honestas, coherentes y
profundas, mejor calidad de comunicación y capacidad de crear vínculos basados en la libertad
y no en la dependencia. Respecto a nosotros en relación al mundo: Conciencia de la
interdependencia de los sistemas vitales que habitamos la tierra, acciones creativas de mejora
del mundo, mayor respeto al entorno.
3_ ¿Cómo se puede aprender a canalizar esta fuerza?
Las emociones mueven energía dirigida a la acción. Pero no toda la energía es una energía
ecológica, renovable y limpia. No es lo mismo actuar por miedo o por egoísmo que por
generosidad o amor. Será preciso elegir bien ya que los efectos de la acción y su impacto en
nuestra vida y en la de los demás no serán los mismos en un caso o en otro.
La canalización correcta de la energía deberá realizarse mediante una mejor educación
emocional desde la infancia: trabajando la conciencia emocional, colocando las bases de un
buen autocontrol emocional, educando en los límites y vacunando en la frustración;
fomentando una cultura del esfuerzo, trabajando la voluntad dirigida a objetivos elegidos de
forma inteligente, aprendiendo estrategias de automotivación…
5_ ¿Cuáles son los ámbitos donde mayor influencia puede tener la Ecología Emocional?
En toda el vida de una persona, en todos los niveles desde nuestro interior hasta el mundo
entero. Erich Fromm decía: Toda la energía que no se dirige a crear, se dirige a destruir.
Nuestro mundo afectivo tiene un potencial enorme. Nosotros elegimos: ¿crear o destruir? ¿ser
parte de la solución o formar parte del problema de la humanidad? No somos responsables de
lo que sentimos pero sí que somos responsables de las acciones que se derivan de una
correcta o incorrecta gestión emocional. Éste es el planteamiento básico que, a partir de la IE, y
desplegando dicho concepto, hace la EE.
6_ ¿Por qué nace hoy día ese “boom” por querer conocer nuestro interior y dominar nuestras
emociones?
Por necesidad, por intuición, por inteligencia, porqué el hecho de no hacerlo y continuar
dejándonos llevar por impulsos primarios o reprimiendo nuestro sentir sólo nos lleva a la
autodestrucción y a la destrucción colectiva. Tenemos sobradas pruebas de ello: aumento de la
agresividad (insultos, agresiones físicas, psíquicas y morales), estrés, aumento de patología
ansioso-depresiva…)
Porqué llega el momento de efectuar cambios preventivos en lugar de esperar ha “tener que”
realizar cambios catastróficos cuando ya quizás sea tarde. Defendemos un modelo humano
psicoecoafectivo de personas que trabajan para conseguir un espacio interior armónico en el
cual razón y emoción trabajen en equipo; una persona que proyecte esta armonía interior en
acciones más empáticas, generosas y solidarias hacia los demás y el mundo.
Bibliografía:
La ecología emocional. Jaume Soler i Mercè Conangla. Amat, 2003
ARTÍCULO DE www.fundacioambit.org
HUERTO ECOLÓGICO

El huerto ecológico
Autor: Mariano Bueno
Area: Agroecología » El Huerto Ecológico
Se puede alegar que consumir productos biológicos o ecológicos resulta caro y no está al alcance de todos los bolsillos, pero hay que tener presente que los alimentos de producción convencional consiguen mantener precios bajos a base de mecanizar e industrializar los procesos de producción y, sobre todo, forzar las plantas cultivadas con infinidad de agroquímicos.
Día a día nos damos cuenta de la importancia de consumir alimentos frescos, sanos y ecológicos. Continuas investigaciones en todo el planeta dejan claro, por un lado, los beneficios de una alimentación sana y equilibrada, con abundancia de verduras y frutas frescas, y, por otro lado, advierten de los serios peligros para la salud, a corto y largo plazo, de la presencia en los alimentos de restos de plaguicidas y de infinidad de sustancias tóxicas que se han ido añadiendo en los procesos de producción, transformación o comercialización.
Escándalos como el de las vacas locas o los pollos con dioxinas son sólo la punta del iceberg de una industria agroalimentaria centrada en la obtención de los máximos beneficios al mínimo coste y basada en la mecanización de todos los procesos productivos y el uso y abuso de abonos químicos, herbicidas y plaguicidas, que fuerzan a la naturaleza a producir más allá de unos límites que permitirían mantener un mínimo equilibrio biológico y ecológico del entorno. A la negra marea de residuos tóxicos, cancerígenos o alteradores hormonales, con desastrosos efectos sobre la salud de los consumidores (y de los agricultores), se está añadiendo una larga lista de plantas modificadas genéticamente (OGM), con las que se promete aumentar la producción mundial de alimentos (aunque las experiencias de cultivos a gran escala demuestran que no es así), pero de las que se ignora por completo las posibles repercusiones negativas en cuanto a desequilibrios ecológicos y más aún en lo referente a la salud de los consumidores de tales productos.
Todo ello nos lleva a plantearnos la necesidad de consumir alimentos con garantía de producción ecológica, si realmente estamos preocupados por nuestra salud, la de nuestros hijos y la del planeta en su conjunto.
Se puede alegar que consumir productos biológicos o ecológicos resulta caro y no está al alcance de todos los bolsillos, pero hay que tener presente que los alimentos de producción convencional consiguen mantener precios bajos a base de mecanizar e industrializar los procesos de producción y, sobre todo, forzar las plantas cultivadas con infinidad de agroquímicos. Valga de ejemplo una simple y cotidiana lechuga, tan familiar en la mayor parte de las mesas. Su producción con métodos naturales (sin forzar) suele conllevar que tal lechuga permanezca un mínimo de dos o tres meses en la tierra (absorbiendo nutrientes vitales y realizando fotosíntesis a partir de la radiación solar), mientras que su homóloga de cultivo químico estará en la tienda a los 50 días, como máximo, gracias a un desarrollo acelerado forzado con nitratos, agua y fitohormonas de aceleración del crecimiento vegetal. Los desequilibrios ecológicos y biológicos a los que se ven sometidas las pobres lechugas (y el resto de cultivos) se traducirán en una gran propensión a padecer toda clase de plagas y enfermedades, que serán controladas con plaguicidas químicos, parte de los cuales permanecerán como residuos en la planta al ser cosechada y en el momento de consumirla. La competencia de las llamadas malas hierbas se controlará básicamente a base de herbicidas, de los que tanto se está abusando que sus residuos empiezan a detectarse en las capas freáticas subterráneas e incluso en el agua potable de la mayoría de zonas agrícolas.
Por todo ello, el mayor precio de los productos ecológicos está más que justificado, pero cuando la precaria economía familiar no nos permite acceder a ellos nos queda el plantearnos su cultivo en función de nuestras posibilidades.
Muchos pensarán que esto es difícil o imposible, pero lo cierto es que, cuando se desea y se dispone de un espacio, por pequeño que sea, de algunos ratitos al día o a la semana y de un mínimo de información básica, resulta algo tan sencillo como gratificante, e incluso terapéutico, ya que, además de producir alimentos sanos y ecológicos, las labores en el huerto o en el balcón comestible suponen un acercamiento y un contacto directo con la vida y la naturaleza, al tiempo que realizamos el ejercicio indispensable para mantenernos sanos y en buena forma. En la práctica, un huerto familiar no requiere ni demasiado tiempo ni demasiado esfuerzo, aunque sí exige un mínimo de ganas de trabajar y cierta sensibilidad hacia la naturaleza.
Factores a tener en cuenta
La tierra (el espacio).
Con una parcela mínima de unos 30 o 40 metros cuadrados podemos obtener una elevada producción de las hortalizas y verduras más utilizadas en la dieta cotidiana. Quien no disponga de tal espacio puede participar en algún grupo de huertos ciudadanos -o crearlo- y quien disponga de una terraza en su casa puede cultivar en ella una gran variedad de hortalizas: algunas lechugas, rabanitos, tomates, acelgas o calabacines, además de numerosas plantas aromáticas, medicinales o condimentarias.
Cuando se dispone de una parcela de tierra, lo ideal es su distribución en bancales tipo bancal profundo. Las dimensiones en longitud pueden ser muy variadas, pero en cuanto a la anchura conviene que estén entre los 120 y los 150 cm, lo que permite el acceso a través de los pasillos, por los lados del bancal, sin pisar nunca la tierra, acción que la apelmazaría y reduciría su actividad biológica.
Cuando sólo disponemos de un balcón o una amplia terraza, conviene proveerse de maceteros de grandes dimensiones y una cierta profundidad, la suficiente para que las raíces se desarrollen sin problemas. Los maceteros se llenarán de tierra fértil con grandes proporciones de compost (podemos usar el compost orgánico doméstico).
Luz y orientación
Interesa que la parcela, balcón o terraza esté orientada al sur o, por lo menos, que reciba varias horas al día de luz solar, ya que las plantas necesitan sus radiaciones para realizar correctamente la fotosíntesis, de la que depende su desarrollo y el contenido de nutrientes y vitaminas que aprovecharemos al consumirlas.
Si la parcela o terraza no recibe sol directo pero hay una pared cercana que refleje su radiación, puede ser suficiente -convendría pintar la pared de blanco para sacarle el máximo provecho-. Hay plantas que requieren mucha luz y mucho calor, como las solanáceas (tomates, pimientos, berenjenas) o las cucurbitáceas (melones, pepinos, calabacines, etc.), mientras que otras, como escarolas, acelgas, coles o espinacas, se desarrollan bien con menos luz y calor.
Agua
El riego preocupa a muchos horticultores que ven como sus cultivos sufren y crecen mal por exceso de riego o por falta de agua. El exceso crea problemas de podredumbres y hongos parásitos y las carencias hídricas suponen una merma en el desarrollo vegetal y torna las plantas duras y con tendencia a espigarse o montar en flor.
La experiencia nos lleva a aconsejar un sistema de riego localizado (tubos de goteo con los goteros intercalados cada 30 o 40 cm o mangueras de exudación) y un sencillo programador de riego (de venta en tiendas de jardinería) que nos permite conectar el sistema a un grifo y que las plantas se rieguen quince minutos cada día o media hora cada dos días. Este sistema tiene la ventaja adicional de que nos permite ausentarnos durante largos períodos sin que por ello sucumban nuestros cultivos por falta de riego.
Plantas cultivables y semillas y semilleros
La gran diversidad de plantas que puede albergar un huerto familiar -aunque sea de reducidas dimensiones- implica disponer de planteles o de semillas adecuadas. Aunque siempre puede empezarse por semillas comerciales estándar, lo más interesante es procurarse semillas con certificación de producción ecológica, que, por suerte, ya empiezan a estar disponibles en nuestro país. También podemos recurrir a los contactos con agricultores ecológicos y al intercambio de semillas que promueven algunas asociaciones o grupos de agricultura ecológica.
Podemos realizar semilleros domésticos en pequeños recipientes reciclados -botes de yogur, cajas de envases desechables, etc.- y mantenerlos en el alféizar de la ventana de alguna habitación que le dé el sol y esté caldeada.
El trasplante es una operación delicada pero fácil de realizar, en la que lo más importante es dañar lo menos posible las raíces y que no falte el riego hasta su nuevo enraizamiento en el huerto o en el macetero.
En ocasiones podemos recurrir a las plantitas que venden los viveristas, aunque, a menudo, tanto la procedencia de las semillas como el uso de abonos químicos y plaguicidas las desvitaliza y es fácil que nos den problemas.
Nutrir las plantas
En agricultura ecológica se da más importancia a nutrir la tierra que a alimentar las plantas cultivadas. Las plantas no disponen de un sistema digestivo como estómago o intestinos y tal función se realiza en el suelo donde crecen mediante la fabulosa labor de las bacterias, los hongos, las lombrices y el resto de microorganismos que habitan en cada gramo de tierra. Naturalmente, todos estos organismos vivos precisan ser alimentados y de ello se encarga el compost y toda la materia orgánica en descomposición presente en la tierra.
Por ello deberemos incorporar con regularidad materia orgánica previamente descompuesta (compost, estiércol, restos orgánicos, etc.). Aunque podemos conseguir compost y abonos orgánicos en el comercio, resulta muy interesante su elaboración a partir de los restos orgánicos domésticos; para ello podemos fabricarnos un sencillo compostero o adquirir alguno de los comercializados para tales fines.
Las necesidades de abonado varían de una planta a otra y tenemos plantas, como las patatas, los tomates o las alcachofas, que requieren grandes cantidades de materia orgánica a medio descomponer, y, en el otro extremo, tenemos las zanahorias o las judías, que sólo toleran la materia orgánica muy descompuesta -compost muy fermentado-. Con una buena rotación de cultivos en los bancales o los maceteros conseguiremos aprovechar al máximo la materia orgánica aportada, ya que, por ejemplo, tras el cultivo de tomates, que hemos abonado con gran cantidad de compost (de 4 a 10 Kg por m2), podemos cultivar lechugas sin añadir más compost y, al cosechar las lechugas, podemos sembrar zanahorias o guisantes (cualquier leguminosa), que aprovecharán al máximo los remanentes de materia orgánica. Cuando cosechemos, podemos añadir de nuevo compost y empezar el nuevo ciclo con otras plantas exigentes: calabacines, pimientos, berenjenas, etc.

Diseño y la planificación del huerto ecológico
Diseñar el huerto es lo primero que debemos plantearnos, pues conviene realizar una buena distribución de los espacios disponibles a fin de aprovecharlos al máximo y conseguir los mejores resultados con el mínimo esfuerzo.
Tan importante como el correcto diseño es el planificar los cultivos que deseamos realizar en el huerto; para ello será necesario que reflexionemos a fondo sobre nuestros gustos culinarios y las necesidades de consumo cotidiano. No tiene mucho sentido plantar veinte coles porque nos regalaron las plantitas si no solemos comer col más que ocasionalmente. En cambio, si todos los días comemos ensalada de lechuga, convendrá ir sembrando y plantando con regularidad -cada quince días o una vez al mes plantaremos unas quince o veinte lechugas-; con ello tendremos un cultivo escalonado a lo largo de los meses y nunca faltarán en la mesa. Con tres o cuatro matas de calabacín bastará para el consumo familiar, con más de diez matas nos veremos obligados a regalar kilos y kilos de calabacines.
También hay cultivos complicados, como el de los melones o las sandías, que vale la pena dejar para cuando tengamos más experiencia o sólo si realmente nos sobra sitio, pues ocupan mucho espacio para los tres o cuatro melones que puede dar cada mata.
Una buena planificación requiere conocer los ciclos de cultivo de cada planta o variedad y saber más o menos el tiempo que ocupará el terreno, ya que éste varía desde un mes, desde la siembra a la cosecha, en los humildes rabanitos, a los tres a cinco meses -incluso más- que ocupan el bancal unas zanahorias. Sin olvidarnos de que, para mantener la salud y fertilidad de nuestro huerto, sería interesante respetar las rotaciones de cultivos y no repetir en una determinada parcela una misma familia de plantas varios años seguidos, pues se especializan ciertos parásitos que a la larga podrían causar serios problemas; lo ideal es respetar rotaciones de cuatro años, como mínimo.
Las herramientas
En realidad, una vez realizados los bancales o dispuestos los maceteros, se requieren pocas herramientas para las labores y el mantenimiento del huerto -alguna azadilla o legón, paletas trasplantadoras, un escardador, un rastrillo y poco más-, ya que la tierra permanece siempre mullida, al no ser pisada, y muchas labores las podemos realizar simplemente con las manos, lo que nos permite un mayor contacto con la naturaleza y la vida.
Los problemas eventuales.
Si existe un tópico que perdura en el tiempo y generalmente no se corresponde con la realidad, es que el cultivo ecológico tiene tantos problemas que no es posible llevarlo a cabo y sólo se consiguen cosechas mediocres, alegando que, si todos los agricultores se pasasen a la agricultura ecológica, no se producirían suficientes alimentos y se incrementaría el hambre en el mundo. Recientes estudios estadísticos, llevados a cabo mediante seguimiento de fincas durante diez años, han demostrado que se están consiguiendo mayores producciones por hectárea en las fincas de cultivo ecológico que en las convencionales de cultivo químico.
En cuanto a plagas y parásitos, la experiencia nos demuestra que las plantas cultivadas de forma sana y respetando sus ciclos biológicos y ecológicos (e incluso cosmológicos) mantienen a raya a la mayoría de parásitos y enfermedades actuando de insecticidas naturales, siendo escasas las ocasiones en que hay que acudir en su ayuda y, además, para esas ocasiones, los agricultores ecológicos disponen de numerosas plantas medicinales reforzadoras de las plantas cultivadas, repelentes de parásitos o directamente con propiedades insecticidas naturales.
En casos graves también podemos recurrir a los insecticidas naturales a base de extractos de plantas o minerales, carentes de toxicidad para los consumidores de los cultivos tratados.
Respecto a las malas hierbas, la práctica del acolchado orgánico con paja o restos vegetales reduce considerablemente su presencia, aparte de proteger el suelo y las bacterias de la radiación solar perjudicial, y ayuda a minimizar la evaporación del agua, reduciendo las necesidades de riego.
Tiempo y experiencia.
Lo más importante de todo son las ganas y el desarrollo de la suficiente capacidad de observación y sensibilidad que permitan ir realizando las labores precisas en el momento adecuado; en este sentido, queda claro que la experiencia hace maestros y que nadie nace sabiendo, sino que, día a día, con la práctica vamos aprendiendo. Y si al principio no nos satisfacen los resultados, no hay que desanimarse, con el tiempo obtendremos plantas y cosechas realmente espectaculares. La naturaleza es muy agradecida y, si somos capaces de observarla con cariño y atención, fluyendo con ella en vez de ir en su contra o intentar forzarla en exceso, los resultados son siempre gratificantes.
Desde estas páginas os animamos a decidiros a cultivar vuestros alimentos (si no lo estáis haciendo ya) de forma sana y ecológica, vuestra salud y la del planeta os lo agradecerán; además, el cultivo del huerto familiar -por reducido que sea- resulta una actividad sumamente creativa y gratificante, al tiempo que es una excelente terapia anti estrés.
Mariano Bueno
ARTICULO DE www.holistika.net